

EL VIOLINISTA QUE LLEGÓ DEL MAR
CANDOR Y SENSIBILIDAD
Por: Francisco Javier Quintanar
En alguna pequeña costa inglesa, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, las hermanas sexagenarias Ursula y Janet viven una existencia tranquila y apacible, sin grandes cambios y pocas novedades. Pero sus vidas están destinadas a ser modificadas significativamente, cuando al levantarse una mañana, descubren en una playa cercana a un joven, empapado y en mal estado, que parece haber sido arrojado por el mar desde la noche anterior. Este muchacho resulta ser un enigma: no parece haber naufragado un barco cerca de ahí, y no saben de donde viene. Para colmo, cuando recupera la conciencia descubren que no habla inglés, por lo que no pueden sacar en claro nada de él de manera inmediata.
Será poco a poco que las dos hermanas lograrán irse comunicando y enseñándole gradualmente el idioma al recién llegado, y así esclarecerán algo sobre su origen, qué hace en ese lugar, e inclusive manifiesta una habilidad especial para el violín. En el proceso, el joven cautivará a las hermanas, resultando en una relación especial entre ellos,haciéndoles aflorar una nueva sensibilidad, y en el caso de una de ellas, evocando sentimientos románticos que habían permanecido aletargados por mucho tiempo.
Esta es la premisa central de El Violinista que Llegó del Mar (Ladies in Lavender, 2004), ópera prima que marca el debut (detrás de las cámaras) del actor Charles Dance, quien además produce y escribe este relato, tomado como punto de partida una historia corta del fallecido escritor William J. Locke.
Y se trata de un debut muy afortunado, debido en gran parte al trío de actores que lo estelariza: Maggie Smith (dejando de lado su papel de Minerva McGonagall de la saga de Harry Potter), Judi Dench (ganadora del Oscar con la cinta Shakespeare Apasionado) y Daniel Brühl (a quien vimos hace poco en Adiós a Lenin). Los tres intérpretes tienen buena química y consiguen momentos muy conmovedores e íntimos, particularmente Dench, con su personaje de Ursula, logra construir un ser emotivo, empático y enternecedor.
El argumento es bueno, y el desarrollo del mismo es llevado con corrección, pulcritud y cierta habilidad. Además del trío principal, otros actores interpretan papeles que logran equilibrar y darle impulso al relato, como es el caso de Miriam Margolyes, que con su encarnación de la gruñona pero a la vez noble Dorcas, consigue un personaje entrañable por decir lo menos. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de Natascha McElhone, quien apenas bosqueja un personaje gris, muy distante y frío. En justicia, hay que decir que es muy posible que el director lo haya diseñado de esa forma, por lo que no toda la culpa recae en ella.
Las locaciones son bellísimas, y la recreación de época es discreta, pero efectiva. Así también la musicalización, la fotografía y la edición. El resultado final, aunque no es extraordinario, sí tiene muchas cualidades y méritos, además de poseer candor y sensibilidad. Un buen inicio para Charles Dance.

Director General: Alejandro Leal
Editora en Jefe: Lucía M.Valle
Colaboradores: Perla Schwartz, Francisco Javier Quintanar, Ruth Acosta, Orlando Figueroa, Miguel Ángel Hoffmann, Miguel Ángel Irigoyen C., Enrique Vázquez, Fabián de la Cruz Polanco y Bruno Star - Asistente Editorial: Maricela Olmos - Corresponsal en Buenos Aires: Beatriz Iacoviello
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