TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN

PESADILLESCOS GUIÑOS AL INCONSCIENTE

Por: Alejandro Leal

Collage de flashbacks en torno a la relación destructiva entre madre e hijo, Tenemos que Hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011) es una producción inglesa dirigida por la escocesa Lynne Ramsay pero ambientada en Estados Unidos, de acuerdo a la trama de la novela homónima de Lionel Shriver publicada en 2003.

Eva Katchadourian (Tilda Swinton) vive despreciada por todos, acostumbrada a agachar la cabeza y a limpiar la covacha donde vive siempre manchada de rojo cortesía de cuantos la odian. De manera fragmentada la realizadora nos va enterando del por qué del ahogo existencial en el que Eva está inmersa.

Su hijo Kevin (Ezra Miller) es el autor de una masacre en su escuela, pero el infierno cotidiano de la mujer no se debe tanto a ese suceso, sino que es resultado último de una vida de confrontación con el adolescente desde pequeño, cuando ni siquiera soportaba su llanto.

Acostumbrada a viajar por todo el mundo se siente constreñida al nacer Kevin, quien desde la infancia (Rock Duer y Jasper Newell interpretándolo en diferentes edades de la niñez) percibe la abúlica conducta de su madre y actúa en consecuencia, desde un cuasi autismo hasta una pasmosa conducta pasivo-agresiva, forjándose en él un psicópata en potencia.

Es desde la perturbada perspectiva de Eva que el filme transcurre, en un arriesgado ejercicio estético-narrativo que sirve de relator de la anécdota, a través de momentos de opresiva desesperanza y pesadillescos guiños al inconsciente.

Director General: Alejandro Leal - Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradora: Perla Schwartz. Asistente Editorial: Maricela Olmos.

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