EL PEQUEÑO TALLARÍN

UNA HISTORIA ENTRAÑABLE

Por: Perla Schwartz

Miri (Mili Avital) es una mujer doblemente viuda. Ella perdió a sus dos maridos en la guerra y no ha vuelto a rehacer su vida. Su soledad la ha fortalecido y no la ha amargado en lo más mínimo. En uno de esos azares de la vida, su sirvienta de origen chino le encarga a su pequeño de 6 años y dice volver en un rato más, lo cual no sucede, debido a que es deportada de Israel.

En esos dichos momentos, Miri debe hacerse cargo del niño pero con la problemática de que son dos extraños entre sí, y que hablan idiomas diferentes, están en una especie de “Torre de Babel”, de la cual deberán de salir bien librados. Tal es el punto de arranque de “El pequeño tallarín” (“Noodle”), comedia dramática dirigida porAyelet Menahemi, con guión de ella misma escrito en colaboración con Shemi Zarhin.

Es la primera ocasión en que se ve una cinta de Menahemi en México, tal vez porque se hizo acreedora al Gran premio del jurado en el pasado Festival de Cine de Montreal, aunque la realizadora ya había incursionado con éxito en el filme colectivo “Historias de Tel Aviv” (2002).

“El pequeño tallarín” relata una historia intimista, sumamente cotidiana, que está llena de ternura (pero que sale bien librada de caer en la chabacanería). Está salpicada en momentos por un humor agridulce, que tiene como premisa que a pesar de los pesares, la comunicación y la entrega hacia otro ser humana, resultan posibles.

La película conmueve, tiene una factura cinematográfica aceptable, sin tener mayores búsquedas formales, es de esos trabajos donde el contenido es más importante que la forma. Ayelet Menahemi retrata con tino, los alcances de un incipiente amor filial, lo mismo que retazos de la vida de una mujer que debe de enfrentarse ante lo imprevisto, con decisión y astucia. Mili Avital logra una buena interpretación de Miri, una azafata dedicada a su trabajo.

Alrededor de ella, se encuentran otros singulares personajes, bien trazados como Ilana, su hermana (Sinaya Ben Jor), una mujer un tanto neurótica y amargada, ante su fracaso matrimonial, y que insegura recela el temple de su hermana, así como Izzy (Alon Alenthal), quien se encuentra en trámites de separación de Ilana, quien admira a Miri y tiene con ella un fuerte nexo de complicidad y un amor un tanto soterrado.

Pero el centro de la historia es el pequeño chino interpretado por el talentoso Bao Qui Cheu, un niño lleno de gracia, que de inmediato compromete al espectador con su sonrisa. Un niño que hará que Miri descubra su aspecto maternal.

Aunque como espectadores sepamos en que va a desembocar la historia, lo importante de “El pequeño tallarín” son los pequeños detalles con que está conformada y el desarrollo de la convivencia entre los personajes, por ello se convierte en una historia entrañable.

Y si entramos al terreno de las metáforas, el que Miri sea azafata pudiera significar ese emprender el vuelo, una y otra vez para trascender la asfixia agobiante de lo rutinario.

“El pequeño tallarín”. (“Noodle”). Israel 2007. Dirección: Ayelet Menahemi. Guión de ella misma en colaboración con Shemi Zarhin. Fotografía: Itzik Portal. Música: Haim Frank Ilfman. Intérpretes: Mili Avital, Bao Qui Cheu, Alon Alenthal, Sinaya Ben Jor, Anat Waxman. Duración: 95 minutos.

Director General: Alejandro Leal

Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Ana Carla Díaz, Francisco Javier Quintanar, Julia Elena Melche, Mario Villanueva S. y Perla Schwartz. Asistente Editorial: Maricela Olmos.

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