LAKE TAHOE

MINIMALISMO QUE ABORDA EL DUELO

Por: Perla Schwartz

Una historia minimalista en torno a lo que implica la pérdida y el como comenzar a procesar el duelo interno es lo que plantea de manera sensible y sumamente esteticista, Fernando Eimbcke en Lake Tahoe, su segundo largometraje. Este filme se hizo acreedor al premio Alfred Bauer que se entrega en el Festival de Cine de Berlín.

En el 2004, Eimbcke había mostrado un estilo muy personal en Temporada de Patos, en torno a dos adolescentes que en video reconstruyen sus identidades. Ahora en Lake Tahoe, el realizador sabe entremezclar y equilibrar una visión melancólica de mundos absurdos que se tocan en un momento dado con destellos de un humor sutil, así como una ternura teñida de desencanto.

Largos planos fijos y una cámara que se regodea para fijarse hasta en el más mínimo de los detalles, una anécdota breve para sumergir al espectador en el universo del desolado Juan (Diego Cataño) quien estrella el coche de la familia frente a un poste telegráfico y se lanza a componer la avería.

Primero llega con un viejo mecánico Don Heber (Héctor Herrera) quien tiene por única compañía a un boxer; Sica, todo un personaje en el filme, luego irá con un singular mecánico David (Juan Carlos Lara), quien vive obsesionado por las artes marciales y se cree un sensei, su visión de la vida se fundamenta en las enseñanzas adquiridas en las artes marciales y la filosofía del Kung Fu, del cual se cree un digno heredero.

Y a estos personajes que va encontrando Juan en su camino, se sumaLucía (Daniela Valentine), una joven madre soltera punk, que encuentra en la música un remanso a su monótona y no llevadera rutina cotidiana.

Tan sólo 24 horas serán suficientespara que Juan emprenda un simbólico viaje de iniciación y logre romper esa barrera de aislamiento, que las circunstancias le han impuesto. Además él es una especie de protector de su pequeño hermano Joaquín (Yemil Sefami) quien se la pasa la mayor parte del tiempo en una casa de campaña instalada en la entrada de su hogar. Mientras que la madre de ambos está encerrada en el baño, en una actitud totalmente autista.

Eimbcke narra sin mayores prisas, con total parsimonia, con una fuerte carga de violencia emocional como hiciera Truffaut en varias de sus películas. La cámara se convierte en un testigo silente de una serie de soledades que se entrecruzan. Destaca la bien lograda fotografía de Alexis Zabé, tal vez lo único objetable son los excesivos fundidos en negro, a lo largo del filme, que tal vez puedan significar esasoledad e incertidumbre en que Juan se siente inmerso.

Lake Tahoe es un buen ejemplo de cómo el cine minimalista es capaz de provocar en el espectador una serie de sensaciones encontradas.

Lake Tahoe. México, Estados Unidos, Japón, 2008. Dirección: Fernando Eimbcke. Guión de él mismo en colaboración con Paula Markovitch. Intérpretes: Diego Cataño, Héctor Herrera, Juan Carlos Lara, Daniela Valentine, Yemil Sefami. Fotografía Alexis Zabé. Duración 85 minutos.

Director General: Alejandro Leal

Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Ana Carla Díaz, Francisco Javier Quintanar, Julia Elena Melche, Mario Villanueva S. y Perla Schwartz. Asistente Editorial: Maricela Olmos.

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