HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRÍNCIPE

CARENTE DE AUTÉNTICA EMOCIÓN

Por: Alejandro Leal

David Yates, realizador británico reconocido en un principio por su labor al dirigir la miniserie de la BBC State of Play (2003) –que sirvió de base para la reciente adaptación cinematográfica hollywoodense de ésta, Los Secretos del Poder (2009)–, además de la encantadora grisura de The Girl in the Café (2005), nos ofrece su segunda incursión en el mundo mágico creado por J.K Rowling: Harry Potter y el Misterio del Príncipe (Harry Potter and the Half-Blood Prince, 2009).

Harry Potter (Daniel Radcliffe) es El Elegido y por tanto el único que puede derrotar al poderoso Voldemort. El tiempo del enfrentamiento final se acerca y Albus Dumbledore (Michael Gambon) debe transmitir al joven mago toda la sabiduría posible para enfrentar al tenebroso villano. Presenciando memorias del pasado, atestiguamos con ellos los inicios de Voldemort a los 11 y 16 años de edad. Asimismo, un antiguo libro de pócimas de alguien que se hace llamar el Príncipe Mestizo, cae en manos de Harry. Entretanto, la atención que Yates proporciona al supuesto hervidero hormonal de los jóvenes personajes se encarga de desviar el interés en las tramas verdaderamente relevantes del texto de Rawling.

Si bien la entrada del mago al mundo puberto se dio con la tercera cinta de la saga, Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, 2004), cuando el mexicano Alfonso Cuarón logró que se tomara en serio a Potter y su entorno en términos de formalidad cinematográfica consiguiendo la mejor de las películas de la franquicia, la quinta producción –ya con Yates al mando–, Harry Potter y la Orden del Fénix (Harry Potter and the Order of the Phoenix, 2007) intentó profundizar en el en el lado juvenil y el aspecto oscuro de esta fantasía literaria, pero sólo nos entregó una sobrecargada y laberíntica adaptación que no tuvo mayor interés que el muy promocionado primer beso de Harry, carente de auténtica emoción.

En ese mismo sentido transita la dirección de Yates en esta sexta entrega –cuyo postergado estreno desesperó a muchos–, con una evidente falta de emociones auténticas además de desapegarse de los momentos clímax del libro, inventar circunstancias y desvirtuar situaciones clave como la condición de Harry ante la muerte de Dumbledore, asunto cuya mención no es spoiler alguno al ser casi de conocimiento público.

Yates se las arregla para dar una impresión de oquedad que rellena con planos de cuidada estética, los consabidos efectos especiales, una chocante insistencia en el tópico amoroso y la recreación del formulismo de la saga como si nada importara realmente, pensando quizá que este filme no es más que el preámbulo al desenlace de la trama general a ocurrir en la adaptación del séptimo y último de los libros, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Harry Potter and the Deadly Hallows), que la Warner ha decidido dividir en dos películas a ser dirigidas también por el inglés, a estrenar en 2010 y 2011.

Director General: Alejandro Leal - Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Ana Carla Díaz, Mario Villanueva S. y Perla Schwartz. Asistente Editorial: Maricela Olmos.

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