EL CASAMIENTO DE RAQUEL

UN SINCERO RETRATO DE FAMILIA

Por: Perla Schwartz

Jonathan Demme vuelve a hacer entregar de un cine más personal, un cine donde la generosidad va de la mano con una aguda ironía en El Casamiento de Raquel (Rachel Getting Married). El director de Filadelfia y El Silencio de los Inocentes nos adentra al seno de una familia disfuncional que vive holgadamente en Connecticut.

Los padres de la novia están divorciados, pero ya tienen a sus respectivas parejas (la madre está caracterizada por Debra Wringer en un triunfal retorno a la pantalla, en un papel breve pero muy interpretado). Rachel (Rosemarie Dewitt) está por desposarse con un hombre afroamericano, y tan solo está preocupada por los preparativos de la ceremonia.

Pero al final de cuentas, Kym (una estupenda Anne Hathaway, quien estuvo nominada para el Óscar como mejor actriz) es el detonante de una serie de secretos que la familia guarda celosamente, ella es una chica adicta en proceso de recuperación y se afana por ver la vida, desde una óptica diferente, aunque esto no le resulte del todo fácil, más bien se siente como una especie de ser indeseable, un diablo a quien todos huyen.

Con fuertes ecos de Strindberg, hablando de teatro y de Dogma, el grupo danés, así como Ingmar Bergman, Demme entrega en El Casamiento de Raquel un vivo retrato de familia, apoyado en un guión inteligente de Jenny Lumet, la hija del veterano director Sydney Lumet. En momentos, incluso cae en un psicodrama pero sabe eludir los riesgos de caer en un melodrama barato y convencional.

Tal vez este filme adolezca de dos fallas,la primera el uso excesivo de la cámara en mano (donde tal vez emule a Dogma), pero que en un momento dado, llega a ser cansada, y algunas secuencias que son inútilmente larga. Pero como contrapunto se agradece un buen reparto, donde destaca ante todo Anne Hathaway que logra transmitir todas las contradicciones de Kym, quien carga con un fuerte sentimiento de culpa que la involucra de modo directo en una tragedia familiar, que fragmentó al clan y que al paso de los años, ella al menos no ha logrado superar del todo.

Hathaway muestra que no es tan sólo una cara bonita para interpretar personajes como el del Diario de la Princesa o roles más ligeros como el de El Diablo Viste a la Moda, ella da vida a una adicta sin ser excesiva en gestos ni sobreactuándose, una mujer generosa que sin embargo no encuentra el camino para auto reconstruirse en parte por su baja autoestima y la rivalidad que preside su relación con Rachel su hermana. Sin embargo, entre ambas también hay solidaridad, como se demuestra en la escena de la bañera, una de las más emotivas.

En suma, El Casamiento de Raquel es un filme que sabe esquivar el clásico final feliz, donde la boda tan solo es pretexto para poner al descubierto los rencores y distanciamientos de una familia que pudiera parecer a simple vista, ejemplar.

El Casamiento de Raquel (Rachel Getting Married). Estados Unidos. 2008. Dirección: Jonathan Demme. Guión: Jenny Lumet. Música: Zofer Tawil. Fotografía: Declan Quinn. Con: Anne Hathaway, Debra Wringer, Rosemarie Dewitt, Bill Irving. Duración: 116 minutos.

Director General: Alejandro Leal - Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Ana Carla Díaz, Mario Villanueva S. y Perla Schwartz. Asistente Editorial: Maricela Olmos.

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