DIVINA CONFUSIÓN

UNA COMEDIA QUE ENREDA LO DIVINO Y LO HUMANO

Por: Perla Schwartz

Los dioses también pueden fallar, no son del todo infalibles. No todo lo que realizan tiene ese toque de perfección que se espera de ellos. De esta situación da cuenta la tragicomedia Divina Confusión, ópera prima de Salvador Garcini, director de teatro y a últimas fechas de telenovelas, el filme parte de un guión en momentos ingenioso de Antonio Armonía (Cero y Van Cuatro).

Los dioses tienen curiosidad de cómo funciona ese mundo terrestre que ellos mismos han creado y por extraño azar, aterrizan en la ciudad de México e instalan su centro de operaciones en el Olimpo Dancing Club, presidido por Zeus (como siempre un efectivo Jesús Ochoa) y por Hera, su esposa (una sobreactuada Lisa Owen).

Junto a ellos, hay multitud de deidades como son: Baco, Afrodita, Orfeo, entre otros sin faltar el travieso Eros (Diego Amozurrutia), quien por ser despistado será el causante de una serie de equívocos.

Se supone que él debe de flechar a Pablo (Alan Estrada, uno de los galanes de moda en las cintas mexicanas más recientes) con su novia Bibi (Ana Brenda Contreras, una grata revelación), pero a la hora de la hora esa flecha recae en Julia (Diana Bracho), madre de Pablo, quien se sentirá profundamente enamorada de su futura nuera.

Lo divino se ha enredado con lo humano, para Julia, será contradictorio aceptar su situación de enamoramiento, a un mismo tiempo sentirá placer y culpa, en este sentido las mínimas situaciones lésbicas están manejadas con gran sutileza y sin morbo. Para la atribulada mujer representa un escape a su opresivo matrimonio, donde siempre ha ocupado el papel de segundona.

Paralelamente está la historia de Osiel (Alejandro Camacho) padre de Bibi, quien es político y viudo, y en los últimos tiempos se ha vuelto más flexible con respecto al autoritarismo con su hija.

Y en un tercer plano las grandes juergas que se organizan en el Olimpo Dancing Club, así como las lecciones de amor que es capaz de dar Afrodita (Blanca Soto) a algunos de los clientes.

La idea de Divina Confusión es buena, sin embargo faltó mayor chispa para lograr trascender una comicidad en momentos chabacana y poco verosímil que hace incluso recordar a algunas de las cintas de ese gran comediante que fuera Mauricio Garcés. De lo mejor son las coreografías montadas por la experta Ruby Tagle y por supuesto la banda sonora y musical de la autoría de Pavel Cal, donde algunas de las canciones, la mayoría de corte tropical son interpretadas por Kalimba, quien también caracteriza a Orfeo.

Garcini muestra que sí sabe dirigir a actores, sin embargo el tono uniforme de la película se le va de las manos, debido a que resulta ser un tanto dispareja y en ocasiones cae en varios clisés que bien se hubieran podido evitar. Este filme tiene a su favor de incursionar en los terrenos difíciles de la tragicomedia, porque crear un buen humorismo es más difícil que hacer llorar al espectador.

Divina Confusión. Dirección: Salvador Garcini. Guión: Antonio Armonía. Fotografía: Andrés León Becker. Música: Pavel Cal. Intérpretes: Jesús Ochoa, Lisa Owen, Pedro Armendáriz, Diana Bracho, Alan Estrada, Ana Brenda Contreras, Alejandro Camacho. Productor: Fernando Pérez Gavilán. México, 2008. Duración: 110 minutos.

Director General: Alejandro Leal

Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Ana Carla Díaz, Francisco Javier Quintanar, Julia Elena Melche, Mario Villanueva S. y Perla Schwartz

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