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CON
MANO ENÉRGICA Y GUANTE DE SEDA, MIKE NEWELL RETRATA LOS PRIMEROS PASOS TRASTABILLANTES
DE LA EMANCIPACIÓN FEMENINA A TRAVÉS DE LA RECREACIÓN DE UNA ÉPOCA Y UN ENTORNO
DONDE EL STATU QUO LIMITABA LAS APIRACIONES DE LA MUJER ENGAÑÁNDOLA
CON EL CONFORMISMO DISFRAZADO DE IDEAL
Por: Alejandro Leal (ENVÍA UN COMENTARIO)
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Corre el año de 1953. Está mal visto que las mujeres aspiren a algo más que ser las perfectas amas de casa y, si acaso cursan alguna carrera universitaria, esto sólo es simbólico ya que el matrimonio es la única perspectiva real en este entorno. La sonrisa de Mona Lisa (Mona Lisa Smile, 2003) ubica su trama en aquella época, enfocándose en una "anomalía" social que refleja con sumo cuidado los primeros pasos, aún trastabillantes, de lo que sería la emancipación femenina.
Katherine
Watson (Julia Roberts) enseña historia del arte en la Universidad de Wellesey.
Su liberal modo de ver la vida la hace ser toda una bohemia, firme creyente
de las infinitas posibilidades de desarrollo y realización de las mujeres.
Su actitud, desafiante a los ojos de la convencionalidad de aquellos tiempos
oscuros y represivos del macartismo, es el motor de este filme de Mike Newell
(realizador de Cuatro bodas y un funeral, 1994), habilidoso realizador
británico que con mano enérgica y guante de seda aborda el tema.
Las
alumnas de Katherine son el reflejo fiel de las disyuntivas femeninas de la
época: la pudiente y recién casada Betty (Kirsten Dunst) es editora del periódico
escolar, y su tema preferido a publicar es el advertir sobre las influencias
"subversivas" que amenazan la estabilidad del ideal estadounidense (incluida
la "peligrosa" profesora); Joan (Julia Stiles), la mejor amiga de Betty, se
ve tentada por la maestra para considerar la posibilidad de ingresar a la
Escuela de Leyes de Yale en vez de aceptar una atractiva propuesta de matrimonio;
Giselle (Maggie Gyllenhaal), quien tiene en su sofisticado atractivo su mejor
arma, ve en la maestra un modelo a seguir; y la delicada Connie (Ginnifer
Goodwin), quien ve en Katherine la inspiración para superar su apocada personalidad.
De
esta manera, la conservadora sociedad de Nueva Inglaterra observa ese otoño
el no siempre sosegado llamado librepensador de Katherine, preludio cismático
de una generación de mujeres que, aunque de soslayo, habrían de comenzar a
romper con el arquetipo de lo que se supone deberían ser.
Y qué mejor metáfora de la condición femenina
de aquellos días que el título mismo del filme: La sonrisa de Mona Lisa,
que de inmediato nos remite a la célebre pintura de Leonardo da Vinci, cuya
imagen de frugal gesto nos hace preguntar si de verdad la sonrisa de esa mujer
sería producto de la felicidad o un mero gesto de conformidad, tal
y
como ahora nos preguntamos si las mujeres de Wellesey eran felices con su
realidad o sólo se dejaban llevar por la inercia del statu quo.
(Estados Unidos, 2003) Título original: Mona Lisa Smile. Dirección: Mike Newell. Guión: Lawrence Konner y Mark Rosenthal. Fotografía: Anastas N. Michos. Música: Rachel Portman. Actúan: Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Maggie Gyllenhaal y Ginnifer Goodwin, entre otros. Duración: 117 minutos.