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MIL NUBES DE PAZ

LA DESESPERADA ANSIA DE AMAR

Por: Alejandro Leal

Arduo ha sido el camino de Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, para llegar por fin a su estreno comercial en México, tras un afortunado recorrido por los circuitos de festivales alrededor del mundo que le ha valido internacionalmente reconocimientos tales como el Teddy del Festival de Berlín 2003, que bien recompensan los esfuerzos del realizador Julián Hernández, quien además del accidentado rodaje del filme que duró cerca de cinco años, tuvo que superar un imperdonable retraso para su estreno nacional (bien dicen que nadie es profeta en su propia tierra).

Discípulo de Juan Antonio de la Riva, Hernández desarrolla un profundo ensayo sobre el errático camino del desamor desde la perspectiva homosexual, a través del devastado Gerardo (Juan Carlos Ortuño), quien padece a corazón abierto los pesares de la utopía gay de encontrar aunque sea la mínima traza de un amor estable -el improbable amor de su vida- en un amante de ocasión, Bruno (Juan Carlos Torres).

El vacío de una existencia llenado a fuerza de la desesperada ansia de amar y sentirse correspondido en un pequeño universo en el que las probabilidades de encontrar una pareja de verdad son remotas.

Bruno le ha dejado a Gerardo una carta de despedida, incomprensible ante su dolor, cuyo significado y significantes le llevan a un vórtice de sentimientos encontrados, un viaje íntimo cuya grisura y creciente depresión son retratadas con una cuidada fotografía de lo cotidiano, en blanco y negro, por Diego Arizmendi.

Lo común, con su fealdad inherente, es el fondo permanente de esta historia que no cifra sus valores en lo aparente y sí, por el contrario, encuentra fortaleza en una narrativa de la esperanza desesperanzadora.

El cine gay, extraño dentro del contexto de un cine mexicano acostumbrado a darle la vuelta al tema o tomarlo a chacota, tiene un digno representante en Mil nubes de paz…, cuya formalidad cinematográfica se sobrepone a cualquier falla técnica o inexperiencia actoral que resultasen evidentes en este meritorio primer largometraje de Hernández, cuya experiencia como cortometrajista, director teatral y de ópera sustenta al filme.

El título de la cinta, por cierto, es en directa referencia a un fragmento del poema La persecución, del cineasta homosexual Pier Paolo Pasolini -quien fue asesinado violentamente en un encuentro furtivo-, que a la sazón reza así: Vergüenza y esplendor, vergüenza y esplendor,/Mil nubes de paz cercan el cielo,/ amor, jamás acabarás de ser amor.

Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor. Dirección y guión: Julián Hernández. Fotografía: Diego Arizmendi. Actúan: Juan Carlos Ortuño, Juan Carlos Torres, Perla de la Rosa, Salvador Alvarez, Rosa María Gómez, Mario Oliver, Clarisa Rendón, Salvador Hernández, Pablo Molina, Manuel Grapain Zaquelarez, Miguel Loaiza, Pilar Ruíz, Llane Fragoso, Gloria Andrade, Martha Gómez, Martín Solís, Marcos Hernández.. Duración: 82 minutos. México, 2003.

MIL NUBES DE PAZ... Y LA SOLEDAD EN EL AMOR

Por: Perla Schwartz

La soledad en las grandes ciudades es un mal cotidiano, podemos estar rodeados por una multitud de personas y sentirnos realmente solos y sobre todo cuando la sensibilidad se encuentra a flor de piel. Tal es el caso de Gerardo (Juan Carlos Ortuño), un joven de 17 años de la clase baja que tan solo gozó dos días de un amor efímero con Bruno (Juan Carlos Torres), el cual le dejó una huella indeleble en el corazón.

En la película de título un tanto kilométrico Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, del joven cineasta mexicano Julián Hernández, se retrata el deambular de Gerardo por la Ciudad de México durante una semana, buscando desentrañar el significado de la carta de despedida que le dejó Bruno, su amante ocasional.

Al estilo de los filmes franceses de la década de los 60 a decir del cineasta Juan Antonio de la Riva, la historia se desenvuelve con largas secuencias donde el espectador percibe el desamparo del atribulado Gerardo, quien se conmociona cada vez que escucha la canción de Sarita Montiel Nena, leif motiv musical de una cinta a decir de su director sumamente autobiográfica, donde busca a comunicar a otros lo que él siente.

El encuentro con Bruno es totalmente fortuito, pero a Gerardo le deja la marca de esos amores que resultan inolvidables y que forman parte de una educación sentimental; poco tiempos juntos, pero el suficiente para vivir de los recuerdos, ante una perspectiva cotidiana, rutinaria y vacía.

Los personajes femeninos como los de Clarissa Rendón (Nadia) o Perla de la Rosa (Anna) son totalmente cirscuntanciales y por lo general comprensivos del sufrimiento de Gerardo.

En voz off, se escucha continuamente a lo largo de esta película filmada en blanco y negro, fragmentos de la carta de despedida, que se torna en el hilo conductor de un relato que trasciende el amor homosexual para hablarnos del amor universal.

El título mismo Mil nubes de paz..., según piensa el director, es una especie de sinopsis de lo que narra en su película en un ritmo moroso, que sin embargo logra envolver al espectador en la historia de un amor gay desafortunado, y es tal la intensidad que por algo obtuvo el Premio Teddy del Festival Internacional de Berlín en 2003.

Es necesario destacar la fotografía de Diego Arizmendi por su nitidez y por su manejo tan minucioso de ángulos. La cámara se desplaza alrededor de los actores para enfatizar más sus sentimientos.

Los personajes tienen parlamentos un tanto melodramáticos, ellos son espejo del protagonista quien se maneja con escasas palabras, casi con monolasílabos, él es una especie de hoja en blanco, donde los otros van escribiendo.

Tenemos también la posibilidad de adentrarnos al mundo del homosexual desde una perspectiva sensible y humana, una visión que no abusa en momento alguno del escándalo y la perversión, un punto de vista que busca profundizar en el sufrimiento y la desolación del protagonista; no en vano éste en mútiples ocasiones aparece retratado en un puente peatonal, para reflejar el vacío existencial que le embarga.

A pesar de que fue una película que fue prácticamente autofinanciada por la Cooperativa Morelos, que tan sólo en algún momento contó con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes en su programa de co-inversiones culturales, la cinta se filmó por etapas, reflejando la gran sensibilidad de Julián Hernández nutrido en el cine de Fassbinder, Antonioni e incluso del Indio Fernández.

EL DIRECTOR JULIÁN HERNÁNDEZEl productor Roberto Fiesco comenta que "la producción fue complicada, en primer lugar por haber sido una película realizada por jóvenes, por su temática homosexual y por estar filmada en blanco y negro, lo cual no es muy comercial; fue un proceso errático, nos tardamos alrededor de cinco años en filmarla".

Mil nubes de paz... es una película que rompe con la asepsia sexual que había en nuestro cine para abordar la temática gay, y llega en un momento oportuno a la cartelera, debido a que en la actualidad se está exhibiendo con temática sexual paralela La mala educación, de Pedro Almodovar.

Mil nubes de paz... es una película artística y auténtica, pero que desafortunadamente está dirigida a un público minoritario, lo mismo por su temática que por su realización, elementos estos últimos que le condenan a su estreno nacional con únicamente 15 copias.

Director General: Alejandro Leal Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Perla Schwartz, Eduardo Leyva, Miguel Ángel Hoffmann, Fabián de la Cruz Polanco, Enrique Vázquez, Maricela Olmos, Miguel Ángel Irigoyen, Bruno Star y Antonio Rodríguez

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