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LA
MORAL Y LA TOLERANCIA DE LA ESPAÑA ACTUAL CUESTIONADAS CON HILARANTE EXPLOSIVIDAD
Por: Alejandro Leal
Formadas en el teatro y tan sólo con los cortometrajes A mí quién me manda meterme en esto (1997) y Vamos a dejarlo (1999) como única experiencia fílmica previa en su haber, Inés París y Daniela Fejerman dirigen al alimón su ópera prima A mi madre le gustan las mujeres (2001), una comedia romántica española que si bien copia los estándares de la fórmula de este género típicamente hollywoodense las realizadoras le dan un viro no sólo para adaptar los esquemas a la realidad ibérica sino que, en aventurada pirueta, le dan un peculiar sello distintivo al hacer de su proyecto una comedia romántica impulsada por la sinergia argumental del lesbianismo implícito en su anécdota.
Nada
mal le va a la pareja de cineastas, quienes evitando la mofa o el morbo consiguen
un entretenimiento lo suficientemente inteligente como para plantear el asunto
de la tolerancia hacia la libertad sexual en una sociedad que se precia, como
lo hace la española actual, de ser inmune a los prejuicios y proclive a la
modernidad que representa ser de mente abierta en un mundo tan cambiante como
el contemporáneo, en particular en la España progresista de hoy día que a
toda costa huye (y con razón) del oscurantismo en que estuvo sepultada durante
el franquismo con la obediencia ciega al autoritarismo no sólo del Estado
sino más profundamente atada por la sumisión moral instigada por las sotanas
conservadoras.
Y
qué mejor que cuestionarse sobre la moral y la libertad moderna que hacerlo
a través de la familia. Elvira (Leonor Watling) y sus hermanas Jimena (María
Pujalte) y Sol (Silvia Abascal) celebran el cumpleaños de su madre, la talentosa
pianista Sofía (Rosa María Sardá), quien les anuncia su nuevo amor, alguien
más joven que ella, lo cual es visto con buenos ojos por sus hijas hasta se
enteran de que su pareja es una mujer, la también pianista checa Eliska (Eliska
Sirova).
Es
más fácil decir que hacer, y la mentalidad liberal de las tres queda en entredicho.
Es en las reacciones de las hijas donde está el quid de la película, especialmente en los alcances "neuras" de Elvira; su desastrosa vida se va a pique total, de por sí afectada por un pésimo currículum amoroso y su frustrante quehacer en una editorial de medio pelo, que hacen de ella un manojo andante de dudas existenciales, yendo de la confusión de inicio al despropósito fuera de sazón al confabular un complot junto con sus hermanas para separar a las pianistas enamoradas.
Menudo
personaje el que encarna la Watling, quien nos deleita con una gama de matices
encaminados a una hilarante explosividad, en marcado contraste con sus sensuales
interpretaciones en Son de mar (2001) y Hable con ella (2002);
su Elvira de A mi madre le gustan las mujeres es una prueba superada
de su capacidad actoral, en un rol que sostiene con su sola energía a toda
la película.
A mi madre le gustan las mujeres. Dirección y guión: Inés París y Daniela Fejerman. Fotografía: David Omedes. Música: Juan Bardem. Actúan: Leonor Watling, Rosa María Sardá, María Pujalte, Silvia Abascal, Eliska Sirova, Chisco Amado, Alex Angulo, Aitor Mazo y Xabier Elorriaga. Duración: 96 minutos. España, 2001.