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CRÍTICA

GUERRA DE LOS MUNDOS

LOS MIEDOS MÁS PRIMITIVOS EMERGEN EN ESTA APABULLANTE METÁFORA DEL TERRORISMO

Por: Alejandro Leal

 H.G. Wells planteó en 1898 con su novela La Guerra de los Mundos el primer vistazo a la paranoia de la era moderna, además de su tradicionalmente reconocido aporte a la ciencia-ficción. En su momento, la amenaza eran los peligros por venir en el siglo XX, mismos que al paso del tiempo demostraron ser trágicamente reales, reflejados en el espejo metafórico de la invasión marciana descrita en el libro.

Curiosamente, el traslado del texto de Wells a otros medios de difusión durante el siglo XX –y ahora en el XXI– han coincidido con los terrores de la historia mundial. En 1938, el también genial Orson Welles provocó la histeria colectiva con su versión radiofónica de La Guerra de los Mundos que, de tan real, se tomó por verídica ocasionando suicidios y multitudes presas del pavor; paralelamente, el mundo iniciaba el tortuoso camino que llevaría un año después hacia la Segunda Guerra Mundial con el amenazante crecimiento del fascismo.

En 1953, al ser adaptado el libro al cine con el filme homónimo, el mundo se debatía a causa de la Guerra Fría entre las superpotencias permanentemente enfrentadas –Estados Unidos y la U.R.S.S. –, confrontación siempre matizada por la amenaza de la guerra nuclear, temida a cada momento por una humanidad que sólo pendía de la frágil relación de competencia entre estos enemigos y su capricho de creerse los poseedores de la verdad político-social, dividiendo al mundo en dos imperios regidos por sus ideologías y prejuicios.

Ahora, en los inicios del siglo XXI, los horrores y terrores del mundo son otros: el terrorismo y el fundamentalismo no sólo islámico sino también el fundamentalismo conservador estadounidense representado por el ofuscado mandato del republicano presidente Bush, supuesto paladín del “mundo libre”, todo esto conjuntado en los tristemente célebres atentados del 11 de septiembre del 2001 y sus consecuencias en el escenario mundial.

Steven Spielberg, quien ha hecho de los extraterrestres de sus cintas seres bondadosos, cambia radicalmente su visión al respecto y toma la novela de H.G. Wells a manera de sublimación de la rabia estadounidense a propósito del 11 de septiembre, utilizando la trama de esta adaptación como instrumento de desahogo del encontrado sentir estadounidense actual en torno a sus atacantes terroristas, transfigurados para esta película en invasores que de la nada arrasan con el mundo. No en balde Spielberg se tomó la libertad de quitarle el origen a los alienígenas, de los marcianos de Wells –y de las anteriores versiones–, a extraterrestres sin identidad que bien pueden encarnar los terrores de la actualidad.

Lo único que Spielberg toma casi textualmente de Wells son las frases en voz de Morgan Freeman al principio y al término del filme, recitando el inicio y el final del libro, adecuando las líneas de entrada a los tiempos actuales y dejando de lado el origen marciano del ataque, del cual –como guiño a quienes conocemos el libro– una única referencia, aunque sea visual, del planeta rojo, es a través de la imagen de la luz roja de un semáforo que da entrada a la secuencia inmediata a la introducción de la cinta.

A partir de entonces, el argumento del filme es una versión libre del original literario, ubicando la trama en el contexto de una familia disfuncional estadounidense en la que se centra el desarrollo de la trama. Así las cosas, tenemos a Tom Cruise en el rol del desobligado Ray Ferrier, un divorciado que debe pasar el fin de semana con sus hijos Rachel (Dakota Fanning) y Robbie (Justin Chatwin) en su mísera casa. De la nada, una extraña tormenta eléctrica se cierne sobre la ciudad, con repetidas descargas en un solo sitio, amén de quedar de pronto paralizados todos los autos, relojes y aparatos.

Sin pensarlo demasiado, Ray corre a la calle a averiguar qué sucede. En el sitio donde las descargas eléctricas han caído emerge una gigantesca máquina trípode que comienza a disparar letales rayos a la multitud pulverizando a quien toca, dejando un rastro de destrucción y de cenizas humanas, de las cuales queda completamente cubierto Ray, como símil quizá de la polvareda que cubrió a los neoyorquinos la caída de las Torres Gemelas. Es momento de huir.

Al llegar a su casa, apura a sus hijos a salir lo más pronto posible, sin tiempo para explicación alguna. El terror se aproxima y hay que escapar. Gracias a un toque de ingenio mecánico, sólo una camioneta funciona. Pero qué es lo que pasa, se preguntan azorados Rachel y Robbie. ¿Es un ataque terrorista? No, es algo mucho peor que pronto se apodera del mundo entero devastándole, en evidente metáfora, justamente, del pavor hacia el terrorismo.

En adelante, los tres huirán rumbo a Boston en busca de la madre de los chicos, Mary Ann (Miranda Otto), y en el camino descubren que los ominosos trípodes están por doquier, con un creciente sentimiento de angustia que en manos de Spielberg se torna en sofocante intríngulis acompañado de las reacciones y los miedos más primitivos que el terror más absoluto ante lo desconocido puede provocar. Incluso, caen en el enloquecido entorno de un sobreviviente, Ogilvy (Tim Robbins), cuya demencia exalta lo peor a lo que la desesperación puede inducir.

Además, Spielberg dota a Robbie con la irracionalidad militarista de la administración Bush y sus congéneres republicanos, a través de la testarudez del adolescente en cuanto a su necedad de combatir a los extraños y saciar así su sed de venganza al intentar unirse a cuanta unidad del ejército encuentra en el camino.

Guerra de los Mundos es una estremecedora cinta que mueve las más profundas fibras, en primera instancia del público estadounidense al remover sus temores y frustraciones, y en segundo lugar consterna al cinéfilo global gracias a la amarga inclemencia de sus secuencias, la crudeza del enfoque de la anécdota y el apabullante pánico que trasciende la pantalla formando un tenso ambiente en las salas donde se proyecta, efecto incrementado aún más a través de la música que John Williams compuso para este filme, muy en el estilo amenazante de Bernard Herrmann.

Guerra de los Mundos. Título original: War of the Worlds. Dirección: Steven Spielberg. Guión: Josh Friedman y David Koepp. Fotografía: Janusz Kaminski. Música: John Williams. Actúan: Tom Cruise, Dakota Fanning, Justin Chatwin, Tim Robbins, Miranda Otto, David Alan Basche, entre otros. Duración: 116 minutos. Estados Unidos, 2005.

Director General: Alejandro Leal

Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Perla Schwartz, Ruth Acosta, Orlando Figueroa, Miguel Ángel Hoffmann, Miguel Ángel Irigoyen C., Enrique Vázquez, Fabián de la Cruz Polanco y Bruno Star

Asistente Editorial: Maricela Olmos

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