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Por:
Alejandro Leal (ENVIA
UN COMENTARIO)
Grégoire Moulin (Artus de Penguern) es un "chamoy" total. Nacido un martes 13 ha hecho honor a este estigma durante toda su vida, muy a su pesar.
A sus treintaytantos, las perspectivas de enderezar su destino no parecen factibles, sobre todo cuando el peor día de su existencia está por confrontarlo (como señala el título original del filme) contra la humanidad, representada en el fanatismo pambolero.
París
se paraliza ante un juego de futbol que, según el cliché, es "el juego del
hombre" (como dijera algún comentarista gritón). Todos los parisinos quieren
ver el partido, menos Grégoire, a quien ni le va ni le viene el soccer. Gris
empleado en una aseguradora, este chaparrito malapata debe sacar unas fotocopias
iniciando así su máximo calvario, ya que olvida en su escritorio las llaves
de la oficina y su dinero, además de la cartera de Odile (Pascale Arbillot,
pareja sentimental de Artus de Penguern), con quien se ha citado para devolvérsela.
La odisea de Grégoire se complica cada vez más, sobre todo a raíz de que no le alcanza para pagar las copias, ni para un café, ni para un taxi, ni para cada situación que se le va presentando y que lo lleva a huir a cada instante de las disparatadas circunstancias que se le presentan (un taxista ex combatiente del Golfo y su perro conductor o un tipo que intenta violarlo, por ejemplo), recorriendo un París alienado por el futbol.
Así,
por más que lo intenta, el atolondrado Grégoire tarda cada vez más en llegar
a la cita con Odile, una romántica que disfruta leer "Madame Bovary" (su imaginación
desbocada la hace sentirse en la novela encontrando a su pareja ideal). Ella
espera pacientemente a Grégoire, inmersa en las páginas y ensoñaciones provocadas
por la lectura de Flaubert, aunque de vez en cuando su ensimismamiento es
interrumpido por cuanto gol o falta exalta a los parroquianos que ven el futbol
a su alrededor.
Después de practicar con cinco cortometrajes, De Penguern se lanza al ruedo para escribir, dirigir y protagonizar éste su primer largometraje, obsequiándonos una magnífica comedia de situaciones y enredos, con momentos tan bien logrados como la fiesta de disfraces en la que acaba disfrazado de Hitler (muy en el estilo, guardando las distancias, de "El Gran Dictador" de Chaplin), o bien recordarnos a Buster Keaton con su cara siempre circunspecta.
Con
tono satírico refleja a manera de metáfora una ácida crítica a la "normalidad"
que homogeneiza a las masas, en este caso ejemplificada por la mayoría que
se hipnotiza ante un balón, en contraposición de los pocos a quienes no les
interesa si hay goliza o no, representados por Grégoire (y aquellos con quienes
se topa y que no están atentos al televisor), todos con circunstancias que
los hacen ser diferentes, sin cabida en este mundo al no encajar en el conjunto
de la borregada.
(Francia, 2001) Título original: "Grégoire Moulin contre l'humanité". Dirección: Artus de Penguern. Guión: Artus de Penguern y Jérôme L'Hotsky. Fotografía: Vincent Mathias. Música: Benoît Pimont. Con: Artus de Penguern, Pascale Arbillot, Didier Benureau, Marie-Armelle Deguy, Antoine Dulery y Serge Riaboukine. Duración: 90 minutos.