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Por: Lucía M. Valle
COLECCIÓN
DE MONSTRUOS CLÁSICOS DE LA UNIVERSAL
Los clásicos del cine de horror de la época de oro de la Universal se compilan en la Colección de Monstruos, extraordinaria antología de las más memorables cintas del género.
Drácula (1931), de Tod
Browning, sentó las bases sobre las que las siguientes caracterizaciones
fílmicas del personaje creado por Bram Stoker se apegaron,
siguiendo
los esquemas de la elegante maldad reflejada por el inolvidable Bela Lugosi
en el rol del Conde Drácula.
Frankenstein (1931), de James Whale, reinterpretó con sensibilidad y audacia el clásico literario de Mary Shelly, apoyado en la impresionante interpretación de Boris Karloff como la criatura creada por el Dr. Frankenstein, demostrando más humanidad que los intolerantes aldeanos que le persiguen.
La
novia de Frankenstein (1935, Bride of Frankenstein) es el esperado
retorno de la criatura, una vez más bajo la dirección de James
Whale, quien se toma la tarea con mayor ligereza, dando rienda suelta a un
socarrón sentido del humor, amén de sentar escuela en torno
a la imagen del científico loco que aún hoy permanece en el
imaginario colectivo.
El
hombre lobo (1941, The Wolf Man), de George Waggener, es por
sobre todo un clásico gracias a la caracterización del personaje
creada con maestría por Lon Chaney Jr. Memorable resulta el encuentro
del protagonista con la gitana Maleva (María Ouspenskaya). Además,
vale la pena ver la participación de Bela Lugosi.
La
momia (1932, The Mummy), de Karl Freund, es una sobrecogedora
cinta con claras influencias del expresionismo alemán, con Boris Karloff
como Imothep, quien vuelve a la vida tras resucitar de su sarcófago
para
reencontrar a la reencarnación de su amada Anckesen-Amon (Zita Johann).
El fantasma de la ópera (1925, The Phantom of the Opera), de Rupert Julian, toma como base la novela de Gastón Leroux para ofrecer un clásico del cine mudo de horror, con Lon Chaney padre, el hombre de los mil rostros, en el rol protagónico. La ambientación es espectacular y la interpretación de Chaney es harto impresionante.
El
hombre invisible (1933, The Invisible Man), del genial James
Whale, adapta la novela de ciencia-ficción de H.G. Wells para mostrar
la locura de un científico (el brillante Claude Rains) que tras descubrir
la fórmula de la invisibilidad pierde el control de sus actos convirtiéndose
en escalofriante asesino. Los efectos especiales son revolucionarios para
su época.
El monstruo de la laguna verde (1954, Creature From the Black Lagoon), de Jack Arnold, es el último clásico, ya tardío, de la casa del horror, la Universal. Una expedición en el Amazonas descubre a una criatura anfibia conocida como Gill-Man, quien secuestra a la prometida de uno de los científicos.