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Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Jefe de Información: Eduardo Leyva

Colaboradores: Vicente Gutiérrez y Rubén Armenta

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ENTREVISTA EXCLUSIVA CON GUILLERMO DEL TORO

LA NOSTALGIA Y LA PERDIDA, EN LA EXPIACION DE LA CRUELDAD DE LA INFANCIA

Por: Alejandro Leal (ENVIA UN COMENTARIO AL AUTOR, HAZ CLICK EN SU NOMBRE)

FOTOS: Lucía M. Valle

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Un reencuentro con un buen amigo. Habiendo entrevistado en 1992 y 1997 a Guillermo del Toro a poropósito de sus filmes Cronos y Mimic, respectivamente, fue un verdadero gusto reencontrarnos con este joven realizador tapatío (nacido en 1964), y saber que por fin había podido concretar un añejo sueño: filmar El Espinazo del Diablo, tema siempre presente en aquellas otras entrevistas. A continuación, unatranscripción textual de nuestra nueva entrevista, en la que no sólo nos platica sobre su nueva cinta, sino que también nos habla de su filmografía, sus nuevas películas y sobre todo, devela sus secretos de infancia y cómo ésta marcó su vida y su cine:

ALEJANDRO LEAL: Quiero que me platiques un poco la génesis del Espinazo, porque me acuerdo desde aquellas primeras entrevistas que me platicabas de este proyecto.

GUILLERMO DEL TORO: Cuando hablábamos aquella vez de Cronos yo te decía que iba a ser una película muy rara y que no sabia si le iba a gustar a toda la gente; bueno, la evolución fue muy lenta, llevó 16 años. Yo la quería hacer antes que Cronos y la idea era hacerla dentro del margen de la Revolución Mexicana, por que siempre me interesaba hacer una historia de guerra y fantasmas unida ¿no? Y de repente fue evolucionando pasando de la revolución que era muy confusa a la cristiada que era más confusa, y termina en la última guerra que me pareció que tenía una cercanía emocional con México, que es la Guerra Civil Española. Además, me interesaba mucho que la guerra se quedara de fondo pero de repente, lentamente la película se fuera volviendo más y más de guerra dentro de un microcosmos de esa guerra que sucedía dentro del orfanato, o sea no es que salgamos y veamos mucha guerra, pero vemos la guerra actuada de nuevo entre los protagonistas de la película dentro de los muros del orfanato; es decir, dentro de ese orfanato está España.

AL: Totalmente representada.

GT: Totalmente representada, y la idea era un poco decir visualmente con la bomba, por ejemplo, aunque ustedes estén lejos la guerra está aquí ¿no? Y eso me interesó mucho. Después de Cronos conocí a Almodovar en el 93, 94, me dijo que le había encantado Cronos, y que me quería producir mi siguiente película. Yo me dije: cuando encuentre algo adecuado lo busco. Y pasaron los años, lo seguí viendo y cuando fui a España a promocionar Mimic de repente lo vi y bueno, cuando el Espinazo se volvió de la Guerra Civil Española pensé éste es el momento de acercarme de nuevo y así lo hice, y bueno, la realidad es que la producción fue un sueño justamente porque con la misma tranquilidad y sencillez con que Pedro se acercó la primera vez así se dedicó a producir la película, absolutamente de manera natural, tranquila y espontánea.

AL: Entonces no tuvo nada que ver que Pedro se interesara en la película para que tú cambiaras la ubicación de la historia.

GT: No, yo lo cambié y luego se la propuse, o sea que jamás le propuse yo la historia sucediendo en otro lugar; entonces, no es que se la haya enseñado ubicada en la Cristiada y él haya dicho bueno… Cuando yo se la mostré ya estaba ubicada en la Guerra Civil.

AL: Ahora, ¿cómo has cambiado? Me acuerdo del cambio que tuviste de Cronos a Mimic. Ahora que estás haciendo Blade 2 ¿cómo has cambiado?

GT: Bueno, yo te digo que curiosamente creo que aunque el contenido de Mimic es infinitamente inferior al contenido de Cronos, la forma es superior en cuanto a soltura de cámara y manejo de cámara e incluso en cuanto a factura de imagen, y creo que lo que me gusta del Espinazo es que tiene el contenido que tenía Cronos, pero tiene el tipo de factura y de trabajo de cámara que tenía yo en Mimic… yo digo de broma que es mi primera película, el Espinazo es mi opera prima, porque por primera vez tengo los recursos, la libertad y la experiencia, y una de las tres cosas faltaba o en Cronos o en Mimic.

AL: ¿Y ahora con Blade 2?

GT: Con Blade fíjate que me divertí como enano, ya ahora sí la hice un poco como viejo revolver de alquiler, llegué y pam, pam, pam, pam, pam, pam, fue un gran ejercicio, me hizo crecer muchísimo como narrador de acción, porque era un área que había experimentado en Mimic, pero hasta cierto punto; digo, Mimic no es Blade, es una película de virtudes mucho más obscuras y de atmósfera. Ahora con la acción de Blade pues Mimic parece como de Merchand Ivory y lo que aprendí o lo que pude practicar fue hacer toda esa acción compleja y me deshice de un fantasma enorme en lo personal, pues le tenía miedo a hacer una película así de grande, de acción.

AL: ¿Por?

GT: Mira, es un poco como uno ve el cine americano de acción y desde Zapopan o de Guadalajara y lo ve como algo inaccesible, como algo hecho por los super campeones de la Copa Mundial, y de repente dices: esto ha de ser dificilísimo de filmar, ha de ser imposible para mi y te auto impones una imagen ¿no? Entonces, ves las virtudes que tienes como cineasta, te empiezas a refugiar en ellas para ocultar tus limitaciones y dices no, yo soy cineasta de atmósfera yo soy tal, y de repente tienes un momento de sinceridad contigo mismo y dices que lo que pasa es que le tienes miedo culero, ja ja ja; y cuando descubrí que era un poco ese sentimiento, dije pues ahora me la aviento, me eché el paquete y me eché el paquete de una manera muy bien, porque una de las cosas que no me gustó en Mimic fue que tuve la experiencia con la Segunda Unidad, que filma pequeñas escenas diseñadas por el director pero ajenas a su supervisión inmediata y lo cual es absolutamente normal en Estados Unidos, la usa Cameron, Spielberg, pero a mi las partes que menos me gustan de Mimic surgieron de ahí, de la Segunda Unidad; entonces mi condición para hacer Blade 2 fue: la hago pero me esperan a que acabe el Espinazo, y numero dos, me dejan rodar toda toda la película, porque justamente si le iba a perder el miedo totalmente a la película o a ese tipo de películas la iba a rodar yo totalmente, entonces eso fue una experiencia totalmente liberadora.

AL: Y a fin de cuentas termina siendo como una película de autor ¿no?

GT: Bueno, es una película de palomitas absolutamente, pero filmada con la disciplina de una película de autor. Pero en esencia es una película absolutamente de entretenimiento descerebrado, te sientas te comes las palomitas, te asustas un par de veces, te diviertes con los catorrazos y te sales y sales sin haber cambiado ni medio milimetro. En cambio, para mí el Espinazo es una película que espero que afecte al público, o sea, cuando un reportero me preguntaba en España durante el rodaje ¿qué sensación quiere usted que deje el Espinazo? Le decía yo que una sensación de nostalgia y pérdida, ojalá y eso sea, no miedo ni suspenso. Nostalgia y pérdida, porque yo la veo más como una película de personajes y de situaciones que de terror. Es una película mucho más guiada por el conflicto humano, pero con un hilo conductor que es la historia de fantasmas y de guerra.

AL: Hay una diferencia entre Mimic, Cronos y el Espinazo. En las dos primeras tienes a niños muy introspectivos, casi mudos, pero los niños del Espinazo son totalmente lo contrario. ¿Por qué ese cambio?

GT: Bueno, porque ya no podía tener una escuela de autistas, ja ja ja ja. Realmente, los dos primeros personajes, tanto en Cronos como en Mimic eran o autistas o border autistas, así como en el filo del autismo como era la niña de Cronos; de hecho, en Cronos se cortaron un par de escenas en donde se contaba por qué no habla, pero las quité porque me parecieron demasiado explicativas. Pero en El Espinazo del Diablo los niños llevan un papel tan preponderante como los adultos, y eso fue parte de la pesadilla de filmarla, por que los filmamos como adultos, hay niños que en esta película recitan monólogos de minuto y medio o dos sin que la cámara corte.

AL: Háblame de estas sensaciones que quieres expresar a través de tu película. ¿Por qué nostalgia y pérdida?

GT: Mira, yo creo que cuando quiero hablar de mi infancia siempre hablo con esas dos sensaciones: nostalgia y pérdida. Para mi es totalmente alienigeno el sentimiento de alguien que dice que la infancia fue la época más feliz de su vida. Joder, la mía fue la peor, yo llevo 27 años queriendo olvidar mis primeros 10 años o tratando de recordarlos minuciosamente, a ver si como decía Juan Rulfo si a fuerza de acordarme se me olvidan. Mi infancia tiene momentos más duros que ninguno del Espinazo, de plano…

AL: ¿Por qué? A ver, cuéntame de eso.

GT: Fue una infancia muy marcada por un catolicismo de provincia, muy castrante y asfixiante para un niño. Yo realmente encuentro el valor místico y espiritual de la religión absolutamente ineludible e innegable en su mejor caso, pero encuentro la capacidad castradora y torturadora de la religión para la mente de un niño absolutamente apabullante, o sea, cuando a un niño le explicas los conceptos de purgatorio y pecado original y le dices que haga lo que haga por el resto de su vida va a pasar una temporada muy larga entre las llamas del purgatorio por el pecado que hereda de Adán y Eva, bueno te dan ganas de mentarle la madre y salirte del restorán ¿no?, y decir: yo no compro este menú. Cuando eres niño y no tienes esa capacidad de negar algo que es un dogma que te viene de los adultos, porque el mundo de los adultos es el mundo dador de la verdad cuando eres niño, pues te encuentras con una angustia kafkiana a la edad de seis años. De repente, al estar preparándote para tu Primera Comunión, estás a los ocho años pensando en las llamas del infierno que son eternas. Mi abuela me lo explicaba con una veladora, me decía: tápala con la mano, entonces la tapaba con la mano y me decía que no la moviera hasta que se apague, y se me quemaba un poquito la mano, me dolía y ya se apagaba, pero decía: así es el infierno, pero para toda la eternidad. Entonces me dije pues qué chingados hago, y te digo, ese tipo de tortura trae toda una mitología muy negra, siempre lo místico y lo espiritual lo asocié con cosas muy escatológicas y mortuorias porque por ejemplo yo fui niño de la Congregación Mariana y nos reuníamos cada semana en las catacumbas de una iglesía que se llamaba el Expiatorio, que es una iglesia gótica en Guadalajara, que es algo tan extraño como encontrarte un templo azteca en París ¿no? Pero ahí está una iglesia gótica, en medio de Guadalajara, y en las catacumbas a veces había lápidas sueltas y veíamos cadáveres sueltos, y luego nos dedicábamos a hablar de la Virgen María, y luego tambien las figuras que había en las iglesias que yo frecuentaba de niño eran estas figuras del Cristo verdoso, lleno de moretones y sangre, y recuerdo una imagen en particular, que era una santa que se llama el Anima Sola, que es una mujer ardiendo en llamas y mirando hacia arriba con las lágrimas que le salen de los ojos. Y así te la vas llevando.

AL: Y todas estas imágenes entonces las plasmas ahora en tu cine.

GT: Bueno, todo eso, pero aparte de eso estuve en una escuela jesuita sólo para hombrecitos, que es la experiencia más cercana a la prisión, yo veo las películas de prisión americanas y digo no es nada, yo vi peleas de niños que son más brutales que ninguna pelea de adultos, por que ya sabes, un niño en mitad de un pleito transita de la mano hacia la piedra y de la piedra hacia el palo con clavo en cinco cuadros, y era un segundo, o sea te estás peleando y si tienes a la mano una madera con clavos enmohecidos te agarras a maderazos, y yo vi a niños que los estrellaban de frente contra la esquina de una columna.

AL: Como en el Espinazo.

GT: Como en la película, pero ahí no se abrían la cabeza, se rompían los dientes, pero en juegos de niños yo tambien me abrí la cabeza, todavía tengo la cicatriz aquí, como el niño de la película, y te digo que fue una infancia muy dura, yo vi niños que los arrojaban a pozos de tierra para arrojarles piedras y orinarse en ellos, o sea, unas cosas muy salvajes, y te digo la infancia yo creo que está muy plagada, pero la gente olvida la parte brutal de la infancia y me interesaba mucho retratarla en el Espinazo.

AL: ¿Y en cuanto a la anécdota del fantasma de donde te viene?

GT: A la edad de 11 o 12 años yo oí un fantasma.

AL: ¿Viste un fantasma?

GT: Lo oí, nunca lo vi, pero yo era muy amigo de un tío mío que se llamaba Guillermo, me pusieron su nombre, era hermano de mi mamá, hermanastro de mi mamá, y me puso su nombre en honor a mi abuelo y a él. Eramos muy amigos, él me llevaba a ver todas las películas de terror, además me llevó a ver Taxi Driver cuando yo tenía 10 años, je je je je, me llevó a ver 2001, me llevó a ver películas que se llamaban El Ataque de los Muertos sin Ojos, El Regreso de los Muertos sin Ojos, me llevó a ver Carne Cruda, una película inglesa buenísima, y me llevó a ver un montón de películas así y de zombies, italianas y de todo, y me enseño un poco de literatura de horror y fantástica, y hablábamos mucho de todo esto. Un día me dijo: cuando yo me muera voy a volver para dejarte saber que hay otro mundo, y cuando él murió yo heredé su habitación en la casa de mis padres, y entonces una noche estaba yo haciendo la tarea de Ciencias Sociales viendo un programa de Ricardo Rocha, o sea nada auspicioso para algo fantasmal, y de repente empiezo a oir un suspiro muy profundo y muy triste a medio metro de mi cara, y como el niño de la película no me asusto, empiezo a investigar, apago la tele, cierro las ventanas, dejo de respirar un momento a ver si es un eco interno del oído, de la trompa de eustaquio, ja ja ja ja, o alguna cosa extraña, y me doy cuenta que a donde quiera que voy la voz me sigue, entonces me doy cuenta que es un fantasma, me voy corriendo y no vuelvo nunca a ese cuarto; pero lo que más recuerdo de esa voz no es el miedo, sino la tristeza que tenía, y entonces la idea en el Espinazo es que a través de verlo repetidas veces el fantasma empiece dándote miedo y te vaya dando poco a poco y tristeza, hasta que al final ya no te da miedo y lo que te da miedo son los vivos.

AL: Claro, es peor un vivo que un muerto.

GT: Mucho peor. La película tiene ese experimento, el de transitar de película sobrenatural a una película sobre lo natural que es la violencia en el hombre, que ni apruebo ni desapruebo, pero no me cabe duda de que existen fantasmas y que el hombre es violento por naturaleza.

AL: Y ahora ya que pudiste concretar el Espinazo, ¿qué sentimiento te queda después de tantos años de lucha?

GT: Fíjate que es literalmente un sentimiento de liberación. Ya no me quedan muchas historias de niños por contar, es una liberación muy grande y no es porque ya no quiera, es porque ya no me interesan tanto, hay otros aspectos de la infancia que me interesan pero lo haré más adelante, pero ahorita estoy saciado.

AL: Ademas, ésta era la historia original que querías contar.

GT: Exactamente, y lo que sucede es que es curiosísimo que por ejemplo ya en el Espinazo la cantidad de símbolos religiosos es mucho menor que en Cronos o Mimic, o sea, me doy cuenta de que voy muy lentamente haciendo terapia ¿no? Decía Camus una cosa muy bonita: el arte es el camino por el que el hombre vuelve sobre sus pasos a las dos o tres imágenes primigenias que por primera vez lo marcaron, y yo ya empecé a cubrir un par y me siento muy liberado. Ahorita no tengo ningún conflicto con la religión y estoy teniendo menos conflictos con mi infancia. Es un tipo de terapia muy costosa y muy pública.

AL: Muy pública sobre todo. Finalmente, ¿cuál es tu próximo proyecto personal?

GT: El próximo proyecto curiosamente ya se ocupa de un temor más bien adolescente, es una película que se llama El Puente Mefisto. Es la historia de un tipo que diseña anuncios espectaculares como metáfora de hacer cine y cómo la industria y sus compañeros y los productores lo van mermando hasta que este personaje en algún punto de la película, por otros motivos hace un pacto con el diablo o con un demonio, pero no es la típica película de pacto con el diablo, tiene unas vueltas de tuerca muy grandes y, sobre todo, lo que quiero que la gente experimente en la película es efectivamente lo que se siente, y aquí vuelve un concepto semi católico, lo que se siente caer en el pecado, pero en el pecado que no es el católico o el religioso, si no el momento en que en la vida cruzas una línea en donde te sientes perdido, porque ese es el origen de todo el drama del bien y del mal. Lo decía Fausto y lo decía tambien Dante. "De repente me encontré perdido", la Divina Comedia abre con esa frase, en la que se habla de estar perdido y la sensación de pecado, la sensación de transgresión más allá de lo que es natural para ti como humano, como individuo, es el momento en que te pierdes y la película eso es lo que retrata, retrata la sensación de vértigo y te va a dar vértigo, espero que te dé vértigo, hay una escena a mitad de la película que yo espero que te de vértigo, ja ja ja ja ja.

AL: Ja ja ja ja, ok. ¿Dónde la vas a filmar? ¿Va a ser otra vez con Federico Luppi?

GT: No, ésta es en inglés, pero la produzco yo mismo, con una compañía que fundé para hacer mis películas independientes en inglés que se llama Bartlbee, como el escribano de Melville. ¿Conoces el cuentito? Es un escribano que trabaja para una oficina y un buen día decide que a todo lo que le pidan va a contestar muy amablemente "preferiría no hacerlo", entonces a todo contesta "prefiriría no hacerlo", entonces el logotipo de la compañía sale y se oye una voz que dice "preferiría no hacerlo", es como mi respuesta de hacer una película independiente en lugar de hacer una industrial muy grande.

AL: Muchas gracias, Guillermo.

GT: No, gracias a ti. Nos vemos cuando venga a promocionar Blade 2.