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CON
EL VIAJE MÁGICO POR EL UNIVERSO DE LA IMAGINACIÓN EMPRENDIDO EN EL GRAN
PEZ, LA MEJOR PELÍCULA DE TIM BURTON, EL SIEMPRE DELIRANTE REALIZADOR
RATIFICA LO YA ESCRITO POR CALDERÓN DE LA BARCA: LA VIDA ES SUEÑO
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Por: Alejandro Leal
Edward Bloom (Albert Finney) es conocido como un gran mentiroso que gusta de contar historias fabulosas de su pasado. En los últimos días de su venturosa vida, su hijo Will (Billy Crudup) intenta diferenciar la fantasía de la realidad de entre los recuerdos de su padre (interpretado en sus años mozos por Ewan McGregor) en un viaje mágico por el universo de la imaginación como sólo sabe hacerlo el siempre delirante realizador Tim Burton.
El gran
pez (Big Fish, 2003) es por mucho la mejor película de la filmografía
burtoniana. Esta cinta de excéntrica belleza, conmovedora hasta las lágrimas,
infunde a la vez una sonrisa inspiradora al espíritu; es una fantasía
que mueve las más profundas fibras con una emotividad de carácter universal
con la que la mayoría podemos sentirnos identificados, al abordar a manera
de mágica fábula la relación padre-hijo, no
siempre fácil en la vida real y que al igual que en la cinta el ideal es llevarla
a un punto de encuentro.
Esta
producción es una emotiva convocatoria a la compenetración entre padre e hijo,
pertenecientes a generaciones distintas con sus muy diferentes formas de ver
el mundo, representadas por medio del viejo Edward siempre iluminado por la
bienaventuranza de cuento de hadas que ha sido y es su vida, así como por
el totalmente escéptico Will, amargado ante el aura siempre esperanzadora
de su genial progenitor.
El
gran pez surge en un momento particularmente sensible para Burton, quien
a raíz de la pérdida de su propio padre confiere al filme este sentimiento
de dolor y admiración en un sentido homenaje a la figura paterna, con base
en una novela de Daniel Wallace que en manos del realizador se presta a la
convivencia armónica del absurdo, el drama, la tragicomedia e incluso ese
realismo mágico a la Burton que tanto caracteriza
a su trabajo,
elementos conjuntados
en naïf narrativa montada sobre un esplendoroso diseño de producción.
Burton
nos maravilla con las fantásticas historias de Edward, quien desde su juventud
"no se puede negar que es sociable" (como se le describe), y cuyos talentos
le hacen querer salir de su pequeño pueblo (como el pez dorado que mientras
más espacio tiene más crece) convencido de que este lugar es muy chico para
sus ambiciones, al igual que es diminuto
para el gigante que asola los alrededores y con quien se va en busca de su
sitio en el mundo, viaje que lo lleva a un colorido villorrio donde sus pobladores
viven una alegre
vida después de la vida, para luego
conocer a un cirquero (Danny DeVito) con un peculiar secreto, encontrar al
amor de su vida (Alison Lohman), caer en paracaídas en pleno espectáculo del
ejército rojo chino amenizado por las cantantes siamesas
Ping y Jing… y muchas fantasías más que confirman a Tim Burton como el más
prolífico creador de ensueños
fílmicos del cine contemporáneo,
recordándonos como
lo hiciera Calderón de la Barca en La vida es sueño que
"toda la dicha humana, / en fin, pasa
como un sueño, / y quiero hoy aprovecharla
/ el tiempo que me durare".
El gran pez. Título original: Big Fish. Dirección: Tim Burton. Guión: John August. Fotografía: Philippe Rousselot. Música: Danny Elfman. Actúan: Ewan McGregor, Albert Finney, Billy Crudup, Jessica Lange, Alison Lohman, Danny DeVito, Helena Bonham Carter y Matthew McGrory. Duración: 125 minutos. Estados Unidos, 2003.