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Colaboradores: Fabián de la Cruz Polanco, Vicente Gutiérrez y Mauricio Chávez
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Por:
Alejandro Leal (ENVIA
UN COMENTARIO AL AUTOR)
Adaptar
el complejo universo fantástico que J.R.R. Tolkien plasmó en los libros de
"El Señor de los Anillos" seguramente fue un reto mayúsculo para el cineasta
Peter Jackson, al igual que lo fue en 1978 para Ralph Bakshi con su adaptación
en dibujos animados, dado que los lectores son difíciles de convencer al momento
de trasladar una pieza literaria clásica al cine, sobre todo si ésta es tan
idolatrada como lo es "The Lord of the Rings".
Bakshi
no pudo, y lamentamos descubrir que Jackson tampoco, a pesar de que él mismo
ha asegurado vehementemente que filmó esta adaptación no para complacer a
los fans (mucho menos a los críticos), sino para complacerse a sí mismo como
reverente admirador de "El Señor de los Anillos"; obviamente, el cineasta
quedó muy contento con su trabajo, aunque lo raro sería que aceptara ciertas
fallas en su cinta.
Ciertamente esta adaptación resultará del
agrado de los fans de los libros de Tolkien, principalmente porque irán reconociendo
cada uno de los elementos del texto que en su momento causó la emoción que
la película no provoca, al igual que en el caso de la versión fílmica de los
incondicionales del juego de rol "Calabozos y Dragones", lo cual no significa
precisamente que la película sea buena.
En este contexto, Jackson (como buen seguidor de los libros de Tolkien) se cree su propia versión de la historia, aunque dudamos que el filme sea tan bien recibido por el espectador común, que más bien lo percibe como un "tabicote" de tres horas (las cuales se alargan eternamente).
Pero
la extensa duración de "El Señor de los Anillos" no es el problema en sí de
la cinta. El principal competidor de la película de Jackson, el filme "Harry
Potter" (también surgido de las páginas de una reconocida saga literaria)
también dura tres horas, pero en cambio transcurre ágilmente aún y con ser
una versión fiel al original.
Y ya que hablamos de "Harry Potter", esta
película provocó un verdadero fenómeno cultural, incitando a chicos y a grandes
a la lectura, cuestión que en el caso de "El Señor de los Anillos" no funciona
de esa manera, ya que si la cinta (por más
promocionada que sea) no logra capturar al cinéfilo aburriéndolo mortalmente,
ante lo cual difícilmente éste se animará a buscar en la librería más cercana
los tomos de Tolkien.
La creciente expectación causada en torno
al tan anunciado estreno de esta producción es en sí una desventaja, ya que
normalmente este tipo de situaciones terminan en una decepcionante experiencia,
y "El señor de los Anillos" no es la excepción, sobre todo si desde un inicio
se le intentó comparar con la trilogía de "Star Wars", un verdadero ícono
cinematográfico del siglo pasado que aún hoy es preponderante en
el inconsciente colectivo.
Hay una mañosa intención en algo hecho tan a propósito, ya que se ha planeado estrenar anualmente una secuela de la trilogía de "El Señor de los Anillos", cuestión que de entrada resulta sospechosamente prefabricado y artificial. De esta manera, cada diciembre hemos de ver "The Lord of the Rings: The Two Towers" en el 2002 y "The Lord of the Rings: The Return of the King" en el 2003.
Además,
"El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo" tiene un evidente desfasamiento
narrativo, ya que Jackson (a quien recordamos por su buen oficio en "Criaturas
Celestiales", 1994) hace convivir dos estilos que en forma y fondo parecieran
hacernos ver dos películas diferentes, refiriéndonos particularmente al "fresa"
mundo de los Hobbits y al obscuramente violento (y hasta eso no tanto) ámbito
del demoniaco Sauron y sus compinches, en la ya clásica persecusión en busca
del Anillo Unico cuya posesión puede hacer triunfar al mal sobre la Tierra
Media.
En cuanto al fondo de la trama, Jackson pareciera haber tratado de insertar a la fuerza cuanta anécdota pudiera de la obra de Tolkien, en una inacabable serie de historias en las que por cierto (y lo cual resulta grave) ni siquiera se preocupa por adentrarse realmente en las filosofías de cada raza que interviene en la historia (Hobbits, Enanos, Elfos), amalgamándolos a pesar de sus obvias diferencias.
Además,
en cuanto al manejo de las secuencias de acción, Jackson cae en el viejo truco
de mover frenéticamente la cámara como si eso fuera a hacer ver más actividad
de la que en realidad hay, en vez de mover a sus actores y sacarles más provecho,
o utilizar otro tipo de emplazamientos de cámara e incluso hacer de la edición
un imprescindible elemento clave del ritmo deseado.
Es también en estos momentos cuando se aprecia
demasiado obvia la utilización de imágenes generadas por computadora (tal
y como lo vimos en el chafa infierno representado en "Spawn",
1997,
de Mark A.Z. Dippé), creando ambientes y situaciones por demás mal concretadas.
Si bien Jackson no inventa el hilo negro con "El Señor de los Anillos", es imperdonable que al salir de la sala no podamos quitarnos fácilmente la sensación de haber visto esto antes en películas ochenteras de corte fantástico como "Leyenda" (1985, de Ridley Scott) o "Willow" (1988, de Ron Howard). ¿Qué acaso el cine no ha superado ese estilo y visión de las cosas desde entonces?
(Estados Unidos-Nueva Zelanda, 2001) Título
original: "The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring". Dirige: Peter
Jackson. Guión: Frances Walsh. Fotografía: Andrew Lesnie.
Música: Howard Shore. Con: Elijah Wood, Ian McKellen, Liv Tyler, Viggo Mortensen,
Sean Astin, Cate Blanchett, John Rhys-Davies, Billy Boyd, Dominic Monaghan,
Orlando Bloom, Hugo Weaving, Sean Bean, Ian Holm, Andy Serkis, Christopher
Lee. Duración: 178 minutos.