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CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE

UN SUBLIME TOQUE DE PSICOPATÍA QUE RESULTA ESCALOFRIANTE

Por: Francisco Javier Quintanar

En 1971, el realizador Mel Stuart adaptó una ingeniosa novela infantil del escritor Roald Dahl creando el filme Willy Wonka y la Fábrica de Chocolates, que trata sobre el viaje, aventuras (y desventuras) que cinco niños viven al visitar la sorprendente fábrica de dulces y chocolates propiedad de un extravagante personaje llamado (precisamente) Willy Wonka. Treinta y cuatro años más tarde, el reconocido director Tim Burton retoma nuevamente esta historia y concibe su relato, al cual titula Charlie y la Fábrica de Chocolate. Obviamente, las comparaciones no se han hecho esperar, pero dichas comparaciones, en este caso, tienen una razón de ser.

Y es que (hay que admitirlo), la nueva realización de Tim Burton tiene una deuda innegable con la primera versión cinematográfica. De hecho, pareciese que el realizador estadounidense tomó como punto de partida aquella cinta (protagonizada por Gene Wilder) para desarrollar su relato. La influencia de la película de Stuart está presente, sobre todo detrás de la recreación visual de los personajes, en el diseño de escenarios de ensueño que los niños visitan, y en la anécdota central de la trama, la cual es esencialmente la misma.

Sin embargo, la película de Burton no es propiamente un refrito de la original, puesto que, aparte de las similitudes arriba mencionadas, la cinta también tiene puntos muy opuestos a su antecesora.

Comencemos por el título. Burton decide dejar el nombre original del libro (imagino que por razones más bien prácticas, y para evitar confusiones con la primera adaptación), lo cual da más peso protagónico a Charlie Bucket (el niño pobre que desea conocer la fábrica) que al mismo Willy Wonka. Y es precisamente Charlie quien lleva gran parte del soporte de la historia.

Además, el filme de 1971 era un musical, y Burton decide minimizar esta característica a unos cuantos números musicales utilizados en momentos clave de la trama.

Pero lo que realmente hace diferente al filme de Burton es la concepción de fondo que se percibe a lo largo de la historia, y que es más acorde al universo personal del realizador. Empezando por Willy Wonka, que en la recreación del director (y en la interpretación de Johnny Depp) resulta ser un personaje netamente burtoniano: no sólo es extravagante y extraño, sino que también tiene un aire algo siniestro y con un sublime toque de psicopatía que resulta escalofriante.

Además, el realizador busca hacer un poco más profundo a su Wonka, y escarba en el pasado del mismo, para revelarnos un personaje que fue reprimido en su infancia y cuya relación con su padre fue muy conflictiva (algo que el director vivió de primera mano y que se ha visto reflejado constantemente en sus personajes, sobre todo en Ed Bloom Junior, protagonista de su largometraje anterior El Gran Pez). Además, Willy más que buscar a un niño especial, parece tratar de vengarse de las personas (y de un mundo) que se aprovecharon y tomaron ventaja de él. Si el Willy de Gene Wilder era más bien aleccionador, el de Johnny Depp parece disfrutar secretamente cuando los niños sufren algún “castigo” por sus impertinencias.

Esta concepción más sombría de Willy Wonka se filtra a través de toda la cinta, por lo que su atmósfera se torna más lúgubre y anómala que la original, la cual era (en realidad) mucho más familiar. De hecho, no únicamente Willy Wonka es aterrador: varios de los niños involucrados en la visita son reflejo de algunos de los aspectos más oscuros de la sociedad (en especial de la estadounidense), y nos hacen entender (y hasta justificar) las acciones (y reacciones) que Wonka toma hacia el mundo y la vida. Eso hace que la importancia de Charlie se matice: es él, un niño sencillo y común, quien le enseña a Willy el camino que había perdido años atrás, lo reconcilia con su pasado y le da lo que (en realidad) estaba buscando.

Charlie y la Fábrica de Chocolate es una fábula oscura que está a la altura de los mejores trabajos del realizador. Y a propósito del director y para finalizar: aquellos que gustan de datos curiosos, les sugiero busquen las referencias ocultas en la cinta y que están relacionadas con filmes anteriores de Tim Burton (hay al menos cinco de ellas), así como el homenaje que el director le brinda a un fallecido colega suyo: Stanley Kubrick.

Charlie y la Fábrica de Chocolate. Título original: Charlie and the Chocolate Factory. Dirección: Tim Burton. Guión: John August, basado en el libro homónimo de Roald Dahl. Fotografía: Philippe Rousselot. Música: Danny Elfman. Actúan: Johnny Depp, Freddie Highmore, David Kelly, Noah Taylor, Missi Pyle, James Fox, Deep Roy, Julia Winter y Christopher Lee, entre otros. Duración: 115 minutos. Estados Unidos / Reino Unido, 2005.

Director General: Alejandro Leal

Editora en Jefe: Lucía M.Valle

Colaboradores: Perla Schwartz, Francisco Javier Quintanar, Ruth Acosta, Orlando Figueroa, Miguel Ángel Hoffmann, Miguel Ángel Irigoyen C., Enrique Vázquez, Fabián de la Cruz Polanco y Bruno Star

Asistente Editorial: Maricela Olmos

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